Tuesday, November 13, 2007

Una tarde para el recuerdo




El paseíllo era bastante raro. Ahí estaban 6 matadores venezolanos, alguno con menos de un año de alternativa, otro con más de veinte sin vestirse de luces.

Las corridas de puros venezolanos no terminan de convencerme.

No me cabe duda de que al talento nacional hay que apoyarlo y abrirle oportunidades en un terreno donde estas escasean.
Pero es inevitable preguntarme si lanzar una corrida con 6 toreros venezolanos no será una actitud muy cómoda, tan cómoda como la de aquel que pesaroso con la conciencia de 11 meses decide endosar en diciembre un considerable cheque para la primera organización caritativa que se atraviese en el camino.

¿Qué más se hace por los toreros o novilleros locales entre noviembre y noviembre? ¿Cuántas oportunidades más les brinda la Monumental de Valencia? ¿Hay algo cercano a un plan, a una idea siquiera de desarrollo sostenido para los chavales y no tan chavales del país?

Cualquier mente medianamente suspicaz pudiera pensar que más que un altruista apoyo a los muchachos del patio, hay más de uno que lanza un abono de 6 corridas que le está costando en realidad 5. Esto por el diferencial de honorarios que puede haber entre los matadores del sábado 10 y los del sábado 17. Eso sí, la afición paga 6 corridas, todas por igual y sin importar cuanto cobren los espadas de turno.

El cartel del sábado solo sirvió para dejar muy mal parados a los matadores ante un completísimo encierro de La Carolina, ganadería que ha debido sentirse irrespetada cuando no burlada al ver que sus bien escogidos animales eran casi desperdiciados. Alguna salvedad para Javier Cardozo, quien con mucho empeño quizo sacarle algunos pases sin suerte al único de los astados cuyas condiciones pudieran ponerse en duda y para Pepe Luis y "Cerrajilla", queienes asomaron destellos de un arte que ya hoy no pueden consumar con el acero.

Ninguna muestra de consideración con una afición que llegó a pagar más de la cuarta parte de un salario mínimo para sentarse a ver escenas que sólo provocaron en el público humillantes risas e iracundos desapruebos.

Quizá el más ilustrativo de los momentos de la primera de abono de Valencia haya sido el de Fermín Figueras “El Boris”:

Entiendo que en su momento fue una figura, de verdad. Que arrastraba masas y desataba pasiones. Y que si bien algunos no consintieron su arte o estilo, muy pocos se atrevieron a cuestionar una meritoria carrera en plazas propias y extrañas.

Hasta el sábado 10 de noviembre, todos los que lo recordaban, lo recordaban así, como figura.

Pero las insólitas manos que lo colocaron el sábado en la plaza parece que no mucho pensaron en la última impresión que se llevaría la afición valenciana de este torero. Aparentemente poco entendieron que alguien de su edad, y con tanto tiempo fuera del ruedo debía cumplir un lógico y largo período de reinserción al toro que comenzara por las dehesas, pasara luego por las plazas de tienta y poco a poco fuera subiendo en la categoría de los cosos y la envergadura de los astados.

Lo lanzaron con muy poco que mostrar y hacer ante un animal cuya nobleza rayó en no pocas ocasiones con la providencia.

Mientras, en las gradas los que no gritaban ofendidos se reían como si quien estaba en acción no era Fermín sino el que alguna vez lo apoyara en campañas mexicanas: Mario Moreno Cantinflas.

Así, tras accidentados, arriesgadísimos y repetidos intentos de dar muerte a “Accionista”, "El Boris" abandonó el ruedo hacia la enfermería en medio de burlas y demás muestras de indignación. Deberá buscar ahora en su memoria los aplausos de 30 años atrás para tal vez solapar la humillación que sufriera en Valencia, solo porque esa ilusión y esa magia que es como un campo magnético que se teje entre un traje de luces y una puerta de toriles a punto de abrirse no muere con el paso de los años, y a veces, por mala suerte, se cruza con un puñado de hombres al que se le ocurrió prescindir de cualquier pizca de respeto o consideración con una afición, una ganadería y un matador.

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